A mi padre

A mi padre

Oírte cantar ‘Ines, Inés, Inesita, Inés’ y los CDs de canciones populares que me grababas.

Aquel día que pasamos 5 horas en la cocina intentando hacer comida india.

Cuando me decias los nombres de plantas y flores en latín. El cariño que le tenías al huerto de Triollo.

Las partidas de cartas que echabas con Pablo en la Huerta. Aunque le hicieras llorar varias veces.

Verte de rodillas, jugando a las casitas con Inés.

Todos los helados que te comías con los niños. Las excursiones a la tienda en las que volvíais con todos los sabores porque no podíais escoger.

Tus cartas, con letra pequeña, poemas y referencias complicadas.

Los paquetes que enviabas a los niños por su cumpleaños. Con libros, cartas, comida y un tarro de miel para mí.

Las mermeladas de fresa y frambuesa y cómo te jactabas de que no tuvieran pepitas.

Los viajes a Italia en el barco.

La excursión de verano a Triollo y el verte disfrutar viendo a los niños bañándose en el río.

Buscar tesoros con Mateo en la casa de arriba.

Las barbacoas de sardinas en hoja de parra y las largas sobremesas.

Aquel día que defendías a capa y espada que el Gyn Tonic es lo que mejor quita la sed y nunca supimos si lo decias en serio.

Tus historias sobre viajes alrededor del mundo y cómo te acordabas de cuando contamos los escalones de la torre de Pisa.

Cuando ibas caminando al Brezo y me mandabas un WhatsApp.

Que todavía me llamaras chiqüitina.

Lo orgulloso que estabas de mi.

The Underwood

The summer when I was 12, my grandfather decided it was time for me to learn how to type. He gave me a book with exercises and permission to use his typewriter. Every day, he would make me work at it after lunch. He would sit on a chair in the garden, reading, and I would be upstairs, typing. If he didn’t hear the key strokes, he would call me out to continue. 

I remember how I liked changing the paper, the frustration from a mistake at the end of the excercise, finger pain and feeling very grownup, sitting at his desk.

Typing this with my thumbs on the phone, those days seem far behind but I still can hear the key strokes and my grandfather’s voice.